17.a Edición | JULIO 2026 | ISSN 2618-1894 | Artículos Científicos
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quienes inician, en tanto los estudiantes confrontan con la urgencia e incertidumbre de
la práctica diaria. Ello esboza una pregunta central: ¿Cómo surge el conocimiento en esta
colisión entre instituciones, tiempos y modos de trabajo?
La articulación entre hospital y universidad posibilita la interrelación entre el
saber académico y el quehacer profesional en la salud pública. Como también, permite
el despliegue de espacios de encuentro entre distintos sectores, disciplinas e intereses
institucionales, evitando miradas yuxtapuestas y promoviendo instancias de
intercambios. De este modo, se concibe a la relación entre la universidad y el hospital
como un vínculo bidireccional: los/las estudiantes universitarios ingresan al hospital
para aprender de sus dinámicas y, paralelamente, el hospital se nutre de las preguntas
que ellos/ellas traen. Bajo este contexto, desde el Consultorio, se elaboró un cuadernillo
orientativo como recurso de consulta con el propósito de favorecer la reflexión sobre el
ejercicio de la práctica clínica.
¿Desde qué marcos construimos el abordaje?
Históricamente, el campo de la salud y de educación, se encontraron atravesado
por el paradigma médico-hegemónico, caracterizado por un enfoque biologicista e
individual, donde el/la profesional porta el saber y el/la paciente es un simple receptor.
Sin embargo, múltiples debates en el ámbito de la salud y educación impulsaron un
cambio hacia el paradigma médico-social, que reconoce la influencia de contextos,
trayectorias y prácticas cotidianas en los procesos de salud-enfermedad (Valadez
Figueroa et al., 2004). Este giro posibilita una lectura más integral, abandonando
miradas reduccionistas y avanzando hacia un enfoque multidimensional que considere
las redes vinculares, las creencias, las instituciones involucradas y las condiciones de
vida del sujeto.
En esta línea, se agrega que es tarea de todas las instituciones y actores velar y
reconocer a niños/as y adolescentes como sujetos de derechos (Mauro, 2021). Marcos
legales como la Ley de Protección Integral de los Derechos de Niños, Niñas y
Adolescentes (2005), han sido claves para avanzar hacia una perspectiva que priorice la
accesibilidad, la escucha y el abordaje interdisciplinario de cada caso. Del mismo modo,
resulta central, concebir la infancia como un tiempo de constitución subjetiva, un tiempo
de apuesta, de espera y de armado, que requiere ser abordado desde miradas e
intervenciones singulares capaces de alojar su complejidad (Caneda, 2018).
En este contexto, se vuelve central construir una mirada relacional que sitúe al
consultante como un sujeto atravesado por múltiples historias, vínculos y entramados.
Pensarlo como parte de un entramado socio-bio-cultural en constante y dialéctica
transformación (Velo & Vittorini, 2021) posibilita orientar el trabajo hacia metas más
integrales y situadas.
Dichas concepciones teóricas sobre los consultantes permiten, a continuación,
interrogar y profundizar otro aspecto central: la formación profesional. Aspecto que
adquiere particular relevancia en un espacio que, además de brindar atención, es